La Iglesia de Santa María, el máximo exponente de arquitectura neoclásica de Vigo
Cuando se descubre Vigo por primera vez, se priorizan tours y experiencias de turismo relacionadas con su naturaleza, la oferta cultural o la gastronomía. Dentro del patrimonio histórico de la Ciudad Olívica, no suele prestarse tanta atención a sus templos religiosos, pese a que uno de ellos —la Iglesia de Santa María— es uno de los máximos exponentes de la arquitectura neoclásica de Galicia.
La Colegiata, como se la apoda coloquialmente, se sitúa en el casco antiguo de Vigo, en la plaza de la Iglesia. Es obra del arquitecto compostelano Melchor de Prado y Mariño. Consta de tres naves proyectadas sobre una planta basilical, con dos torres de imponente factura y una fachada sobria para los estándares del barroco. No obstante, el observador atento descubrirá detalles como un peculiar reloj de sol.
En su interior descansa una de las grandes reliquias de su ciudad: el Cristo de la Victoria. Esta obra escultórica de Sebastián Ucete debe su nombre a la expulsión de las tropas francesas durante la guerra de independencia española. Su imagen recorre cada año el municipio en el contexto de la Semana Grande de Vigo.
La historia de la Iglesia de Santa María comienza en época medieval, como lo confirman distintos registros. No obstante, su estilo barroco y neoclásico no es fruto de las sucesivas reformas (que las tuvo), sino de la reconstrucción ab ovo del edificio en el siglo diecinueve, tras los daños irreversibles que causó la explosión del polvorín de San Sebastián.
En sus dos siglos de historia, La Colegiata ha vivido episodios memorables, como el asalto del corsario inglés Francis Drake. En su atrio, además, los caballeros de la Orden del Temple sembraron el árbol madre del olivo centenario que hoy vemos en el Paseo de Alfonso XII y que justifica el sobrenombre de la ciudad.